miércoles, octubre 26, 2005

Amused to death

"La soledad es un problema común en este pais", la frase me suena como si la hubiera leído en algún lugar. En todo caso no es extraño que ahora la recuerde.
Hace días que he vuelto a sentir el cansancio, los miembros pesados y el pensamiento flojo; a través de mi ventana he visto como el ocre y el verde se han volado de las ramas, y árboles desnudados por el viento y las lluvias, "el otoño se esta llendo min gosse". El invierno es una tragedia, apenas sale el sol vuelve a ocultarse, como si huiera del frio, ¿quién vive en tantos meses de oscuridad?.
Todas las mañanas en la plaza los pálidos rostros siempre se vuelven hacia el este donde el sol nace, entibian sus frias pieles, sus frágiles cabellos y ojos celestes, tibios antes que el amanecer los toque, luz de verano y primavera que han guardado. Pero con el tiempo el sol se volverá frio y gris, como una masa de luz oscura que se levantará detrás de las praderas, un cádaver en el cielo, ¡yo no quiero muerte!
Y es que cuando el invierno llega, todos se vuelven lentos y arbóreos, cuando llega, pareciera que nadie ya estuviera; caminan con la pobre muerte de los árboles pobres de verde, un bosque sin hojas que murmura y se lamenta.
Y yo sigo aquí, tratando que la soledad no sea un problema para mi.

No tears to cry
No feelings left
This species has amused itself to death
Amused itself to death

miércoles, octubre 05, 2005

El Efecto Medusa

La tiendo en la cama desabrochandole la blusa, mientras nuestros dientes chocan, mi otra mano va subiendo por su muslo y le levanto la falda, con cuidado trato de bajarle el calzón. Le beso el cuello, ella pasa sus dedos por mi pelo y siento como su respiración se agita cada vez mas mientras voy bajo mi boca por su ombligo. Es una pieza chica de paredes blancas floreadas, verdes en moho, las sábanas de la cama son color conchevino brillante y unas latas de cerveza repartidas en el lugar parecieran decorar muy bien esta pequieña pocilga. La mujer que tengo acostada es rubia, jamás en mi vida la he visto, ni tengo idea de como se llama, tampoco sé como nos conocimos, ni menos sé como llegamos aca, pero a estas alturas no me interesa, porque estoy en un estado en que el puro instinto en mi funciona, esa inteligencia adquirida geneticamente, pero en estos casos me gusta mas llamarla "inteligencia auxiliar", porque es la única que funciona cuando el resto del cerebro esta fuera de servicio. Le separo piernas y de a poco me recuesto sobre ella, cuando ya esta adentro siento su brusca respiración en mi cara. Apoyo mi cabeza en su hombro y miro hacia la ventana. De pronto me acuerdo de Daniella, de la última vez que nos vimos, ¿por qué? no lo se. Fue hace unos 3 días atrás en el centro.
A varios kilómetros de esa habitación, en otro lugar de la ciudad habia estado yo sentado hace unos días en un restaurang con vista al Paseo Ahumada. Largo rato estuve mirando hacia la ventana cuando vuelvo la vista hacia Daniella, ella estaba buscando algo en su cartera, saca un cigarro y lo prende.
- Esta bonita la noche -le dije, tratando de romper el silencio mientras jugaba con una servilleta-
Ella botó el humo y me miró riendose con burla.
- ¿Bonita la noche, no se te ocurrió mejor cosa qué decir?
- Bueno... la verdad que no, ya hemos hablado de casi todo
- Si po´, "casi" todo
- Cuentame, ¿estas nerviosa por lo del viaje?
- Mira, no mucho, aveces si y otras veces no
- ¿Pero realmente quieres hacer esto o es porque ya te estan hechando de la casa?
- Tengo ganas de irme, ademas nadie me esta hechando, tu conoces a mis padres. Quiedé en la U y lamentablemente lejos de aca. Soy una adulta, y no un niñito como tu.
- Me esperaba esa respuesta pero...
- ¿Pero que? -díce ella adelantándose-
- Pero quieria ver si mi mente me engañaba con otra cosa que me pudiste haber dicho.
Sabia que al único que engañaba era a mi corazón, lo único que fingia era lo que habia estado sintiendo por Daniella durante los últimos meses, su presencia en mi habia tenido un efecto nocivo que me gustaba, cuando no la veia pasaba días y semanas como un animál desvanecido de hambre, escribiendole cartas que siempre terminaban guardadas en la carpeta, pero cuando la veia era como si la primavera abriera mi puerta, me encantaba llenarla de risas y que ella me llenara de sus encantos, nos quitabamos unas decadas de encima y jugabamos en nuestras fantasias con volver a ser niños, pero en el fondo de mis ojos retenia yo un mar de deseos que ahogaba cada vez cuando sentia que sus ojos quierian descubrir los mios.
Después del restaurang dimos unas vueltas en el centro pasando toda la tarde conversando, planeando nuestro futuro en las nubes y arreglando el mundo, cuando cayó la noche caminamos a la Plaza Italia e hicimos parar una micro. Miré hacia arriba por la ventanilla y vi el gran edificio en forma de celular, la Avenida Providencia era un largo sendero de brillantes luces, era como si el resto de la ciudad hubiese desaparecido en el abismo de la noche. Los 2 solos veniamos en silencio sentados al final del pasillo, creí por un momento que Santiago me habia dibujado este día. Llegamos al paradero y le dije que la podia ir a encaminar a la casa.
- Estoy super contenta -me díce mientras mira los arboles a lo alto-
- ¿Por qué?
- Porque tu eres mi único amigo -díce sonriéndome-
- Ah si, y qué no me dijiste que tenías otros amigos?
- ¿Ah, los otros?, los otros me dícen puras cosas bonitas, andan detrás mio, en ellos no puedo confiar como en ti lo hago
- Se nota que me conoces -le digo en un tono ironico-
Se apreta a mi brazo y me mira por debajo del ceño. En el bosque corria una brisa helada. A lo alto, el follaje se iba oscureciendo confundiendose con la oscuridad del cielo, los astros azules y la gris luna, veniamos siguiendo un camino amarillo iluminado por una hilera de focos.
- ¿Y tú ya haz conocido a alguien?
- Bueno, te conozco a ti
- No tonto, alguna mujer que te guste
Eso fue como si una daga de hielo me apuñalara, cómo le explicaba que esa mujer la tenia a mi lado, sentia como mis latidos se aceleraban pensando que seria este el momento de confesarle por lo que ella sentia, mire hacia arriba fingiendo buscar algo pero luego bajé los ojos.
- Bueno aqui hay muchas mujeres bonitas -le respondo-
Ella sube la vista y me mira con interrogación, esa mirada en mi agregó unos cuantos latidos mas a mi corazón. Desde que nos juntamos en la estación de trenes, comenzé a tener esa sensación de vértigo en el estomago. Cuando me vio se paró del asiento y caminó hacia mi, el viento de los trenes hacia que su pelo negro golpeara contra su cara y la mini falda a cuadros le sacudia mientras trataba de correrse el pelo a la oreja, cuando la saludé no se que fue, el lapiz labial, el perfume o esos humedos ojos oscuros que hicieron que mi cara se detuviera a centimetros de su mellija para tomar un lento y largo suspiro. "Te ves bien hoy" le dije, "¿Ah y la última vez no?" me pregunta ella frunciendo el ceño de manera cómica, "Nunca tan bien como hoy lo estas" y ella se hecha a reir.
- Estas temblando -me dice ella-
- Es el aire, la noche esta bien helada
Ella busca mi mano en mi bolsillo y la toma, este es el momento pensé.
- Te quieria decir que...
- Conocí a alguien -me interrumpe ella-
- ¿Perdón?
- Se llama Victor, trabaja en la galeria, creo que tu lo deves ubicar es el único hombre que trabaja ahi. ¿Disculpa qué me quierias a decir?
- No sólo que yo... que ya me tengo que ir ya -fue lo único con lo que se me ocurrió improvisar- disculpa, tengo que hacer mañana temprano, se me olvidó decirte -y me detengo, ella saca su mano de mi bolsillo y me mira. Lo último que me habia dicho fue como dejar caer gotas de veneno a mi sangre-
- Bueno. Estamos en contacto entonces, escribeme un mail -mi dijo ella-
- No se me va a olvidar, de aqui a que no nos veamos va a pasar mucho tiempo...
- Seguramente años -dice ella adivinando lo que seria lo ultimo-
- Si, años.
Nos quiedamos un rato en silencio.
- Te voy a hechar de menos Daniella -le digo tratando de ponerme romantico, pero ella no me responde, sigue mirandome. Empiezo a pensar rapido en algo que le pueda regalar, no andaba trayendo nada, mire a mi alrededor pero se que ella es alergica a la flores, ¿y si la golpeo con un beso como díce Arjona?, no, quizas ella termine devolviendome el golpe con una cachetada, ¿y si le regalo una pintura?, mi casa no está muy lejos de aca y podria ir corriendo a buscar el cuadro, pero mejor no, tengo muy malas expreriencias en esto con ese tipo de regalos, y si le regalara...
- Me está dando frio, tengo que irme ya -me díce bostezando-
- Si yo tambien -le digo resignandome-
Le doy un abrazo, un beso en la mejilla y le desié suerte, cuando la vi por ultima vez me acordé que hacia un tiempo habia ido a su casa y en su piesa la habia visto bailando y cantando un tema de Alejandro Sanz, cuando se dió vuelta y me vio se puso roja, sólo se hechó a reir.
- Yo quiero regalarte una poesia, tu piensas que estoy dando las noticias... -le susurro-
- ¿Cómo dijiste?
- Cuidate, chao
Y me di vuelta, tomé el camino por donde ya habiamos pasado y resistí las ganas de mirar hacia atrás, si me daba vuelta significaba condenarme a grabar esa última imagen en mi retina, seria como petrificar una parte de mi alma bajo esta noche, a sus ojos y para siempre, el efecto medusa pensé.

La mañana siguente desperté esperando que en el velador encontraria aspirinas, sal de fruta, una guillotina o una pistola cargada, el dolor de cabeza me estaba matando.¿Dónde estaba en realidad, no tenia idea, y quien era la que estaba durmiendo a mi lado?. Busco rapidamente mi ropa que estaba esparicda por toda la habitación junto a botellas vacias, me enjuago la cara y me pongo los zapatos, me dispongo a salir cuando la intriga me impulsa a dar vuelta la cabeza, pero no miré, solo sentí que seguia durmiendo. Abro la puerta y un fuerte rayos de luz me golpea los ojos, me cubro la vista y salgo.