En otoño siempre se escribe un libro (parte I)
Hoy como todas las mañanas caliento agua, pongo unos panes a tostar y enciendo la radio. Me preparo para ir a la biblioteca, me cruzo el morral y salgo.
Hoy escribiré un libro, escribire un libro como lo hago todos los días pero esta vez escribiré como nunca antes lo he hecho, con tinta de sangre y pluma de fuego, ¡si señores! ¡porque hoy voy a necesitar sensaciones fuertes; si alguien quiere confesarme que mi hermana es poco señorita en la cama, hoy es el día apropiado, porque hoy todo lo permito!. Ayer el libro trató del pais al regreso del nunca jamás, mañana quizas trate del ocio de los desempleados, pero hoy será algo diferente, hoy será algo nuevo, algo fresco y rozagante como un pepino recién cortado, algo nunca antes escrito, aun no se que escribir pero estoy excitado, siento ganas de tirarle una piedra a alguien y salir corriendo, mis pesnamientos se adelantan a mi pasos, necesito un cigarro ¿dónde chucha tengo el encendedor? bien, ahi esta ¿en qué iba?.
Mientras voy bajando por la calle principal de Näsby con Gamlegården veo unas musulamanas pasar, pobres mujeres encapuchadas, que estupidez pienso, que dice que el hombre peca de lujuria cuando la mujer muestra algún miembro de su cuerpo, dicen que despiertra pensamientos prohibidos e impuros, pero para mi sólo despiertan un ráncio olor a quieso añejo debajo de sus faldones con este calor. En cambio para mi, dios es alguien super diferente, no es la idealización renacentista de Miguel Angel, pero tiene pene, o vagina dependiendo del caso, es alguien quien bosteza en las misas y que prefiere tomarme de la mano para salir a recorrer las ciudades, las carreteras, los campos, los bosques y los cielos con piernas elasticas, mi dios me enseña la verdadera palabra y esa palabra esta en la calle, en las lenguas de fuego de los demonios. Dios me muestra que está en el dinero, en una vagina, en un amigo, en una cerveza, en mis sueños, en el libro que escribiré, en la tele, en el condorito de una baño de Estocolmo, en mi madre o en el Jesucristo de una iglesia.
A lo lejos veo el reflejo del sol en el parabrisas de un autobus, me levanto para hacerlo parar, Centrum dice. He estado hace rato sentado en el paradero, una media hora para ser mas exacto, matando el tiempo buscando colillas, buscando alguna que se pueda fumar, y eso que tengo una cajetilla en el bolsillo, es una mala costumbre que aun llevo de Chile, cuando con mis amigos no teniamos plata partiamos a machetear cigarros, monedas, buscar monedas y si todo fallaba, los paraderos siempre estaban ahi, revalsados en colillas, todas para nosotros, aveces aun podia sentir el filttro calduo entre los labios cuando lo recogia o verlos manchados con lapiz labial, algo de verdad asquieroso pero gratificador.
Aun no se me puede ocurrir un título para el libro. Subo al autobus y pago, Tack!.
Nunca es tarde para acordarse de personas que lo marcaron a uno, especialmente en mi que me sobra el tiempo y tengo hasta para cuestionarme el porque de la papa en la cazuela, sólo los cesantes pueden darse esos lujos. Nunca es tarde como para acordarse de Juan Sotomayor, Julio Peralta, Gabriel Perez, Rosaura Martin, Delaura Valenzuela, Ivan Paez, Victor Retamales, pero en esta ocación en particular me acuerdo de Martin, un personaje que apesar del tiempo, aun me deja con un sabor a vino barato en la boca cuando digo su nombre. Martin Cortéz -tambien conocido como el Martinto-, perdio la virginidad borracho en un baño, se enamoró de una lesbiana y durmió bajo su propio vómito. Es uno de los peronajes que recuerdo con mayor claridad de la enseñanza media, precisamente ahi nos conocimos, en el Colegio de artes. Pareciera que aun escucho los gritos de Martin cuando voy sentado al lado de la ventana del bus. Una tarde que veniamos devuelta de una fiesta, Martin habia perdido la conciencia, la dignidad y 3 mil pesos, con hilo negro de saliva en los labios, el pobre borracho le venia gritando al chofer que arreglara la ventana porque zapateaba demaciado y no lo dejaba dormir, era todo un chiste, "Arregla tu huea de ventana chofer conchetumare!" mientras que sin un cuarto de vino en el estomago, nos platicaba de Descartes, Platón, Baudelaire y de las perspectivas de Brunelleschi, para luego en la noche volver gritar "¡Chupame el pico!", tomaba y despues vomitaba, volvia a servirse un sorbo y se caía y peleaba consigo mismo, pensando que alguien se apuraria para ayudarlo, pero a esas alturas ya nadie quiera ayudar al pobre que apestaba a cantina muerta. Sufria del clásico sindrome de Dr Jekyll y Mister Hyde cuando tomaba. Siempre me acuerdo de Martin Cortéz en el bus, que lo cortéz se le iba ligerito cuando le preguntabas que iba a hacer con esos 500 pesos un día viernes despues de clases. Pero Martin no siempre fue asi, a Martin, cuando lo conocí, era un chico tímido de pocas palabras. En los recreos, mientras nosotros les escupiamos a la los inspectores y a los niños del el segundo piso hacia abajo, Martin preferia quedarse en la sala dibujando, o en la biblioteca leyendo, y los fines de semana, mientras nosotros ibamos a una fiesta, Martin se encerraba en su cuarto y pintaba hasta el amanecer, era un excelente dibujante y pintor. Su mejor amigo, Ivan Paez era un muchacho que venia de Linares, un galán que uno cree que sólo ve en peliculas cabalgando junto a James Dean, Ivan era de esos que podia decirle cursilerias a una mujer sin provocarle risas, le llovian las mujeres y era increhible verlo cada 2 semanas como cambiaba de polola asi de fácil como quien se cambia de camiceta "Si te comes una, te las comes todas" solia decirme, aunque no sé porque esa frase me sonaba de otro lado. En cambio al pobre Martin ni las palomas le cagaban, y si lo hacian, menos iba a llover agua para que lo limpiase, cosa que llevase la mierda como un simbolo de desgracia impregnado en él, que mas adelante seria el vómito. Entre nosotros deciamos que habia nacido un martes 13, no sabiamos porque tenia tanta mala suerte. Despues de mi ida no supe mucho de el, me contaron que su tio habia fallecido y otro lo habia visto repartiendo volantes por Americo Vespucio.
Bien, llegue a la Bibliotek. Me encanta este barrio, la escuela que esta enfrente es un edificio de estilo renacentista holandes, a fines del 1500. En la esquina de la entrada a la biblioteca hay un pequieño café donde los estudiantes van a servirce algo a la hora de colación. Entre la biblioteca y la escuela hay un arco ojivál que une los 2 edificios, siguiendo ese pequieño túnel, mas adelante, se abre una plaza donde se baja por una escalinata que da al otro lado de la cuadra. Todavia no se me ocurre un nombre para este libro, mejor entro busco algo que me pueda ayudar.
Hoy escribiré un libro, escribire un libro como lo hago todos los días pero esta vez escribiré como nunca antes lo he hecho, con tinta de sangre y pluma de fuego, ¡si señores! ¡porque hoy voy a necesitar sensaciones fuertes; si alguien quiere confesarme que mi hermana es poco señorita en la cama, hoy es el día apropiado, porque hoy todo lo permito!. Ayer el libro trató del pais al regreso del nunca jamás, mañana quizas trate del ocio de los desempleados, pero hoy será algo diferente, hoy será algo nuevo, algo fresco y rozagante como un pepino recién cortado, algo nunca antes escrito, aun no se que escribir pero estoy excitado, siento ganas de tirarle una piedra a alguien y salir corriendo, mis pesnamientos se adelantan a mi pasos, necesito un cigarro ¿dónde chucha tengo el encendedor? bien, ahi esta ¿en qué iba?.
Mientras voy bajando por la calle principal de Näsby con Gamlegården veo unas musulamanas pasar, pobres mujeres encapuchadas, que estupidez pienso, que dice que el hombre peca de lujuria cuando la mujer muestra algún miembro de su cuerpo, dicen que despiertra pensamientos prohibidos e impuros, pero para mi sólo despiertan un ráncio olor a quieso añejo debajo de sus faldones con este calor. En cambio para mi, dios es alguien super diferente, no es la idealización renacentista de Miguel Angel, pero tiene pene, o vagina dependiendo del caso, es alguien quien bosteza en las misas y que prefiere tomarme de la mano para salir a recorrer las ciudades, las carreteras, los campos, los bosques y los cielos con piernas elasticas, mi dios me enseña la verdadera palabra y esa palabra esta en la calle, en las lenguas de fuego de los demonios. Dios me muestra que está en el dinero, en una vagina, en un amigo, en una cerveza, en mis sueños, en el libro que escribiré, en la tele, en el condorito de una baño de Estocolmo, en mi madre o en el Jesucristo de una iglesia.
A lo lejos veo el reflejo del sol en el parabrisas de un autobus, me levanto para hacerlo parar, Centrum dice. He estado hace rato sentado en el paradero, una media hora para ser mas exacto, matando el tiempo buscando colillas, buscando alguna que se pueda fumar, y eso que tengo una cajetilla en el bolsillo, es una mala costumbre que aun llevo de Chile, cuando con mis amigos no teniamos plata partiamos a machetear cigarros, monedas, buscar monedas y si todo fallaba, los paraderos siempre estaban ahi, revalsados en colillas, todas para nosotros, aveces aun podia sentir el filttro calduo entre los labios cuando lo recogia o verlos manchados con lapiz labial, algo de verdad asquieroso pero gratificador.
Aun no se me puede ocurrir un título para el libro. Subo al autobus y pago, Tack!.
Nunca es tarde para acordarse de personas que lo marcaron a uno, especialmente en mi que me sobra el tiempo y tengo hasta para cuestionarme el porque de la papa en la cazuela, sólo los cesantes pueden darse esos lujos. Nunca es tarde como para acordarse de Juan Sotomayor, Julio Peralta, Gabriel Perez, Rosaura Martin, Delaura Valenzuela, Ivan Paez, Victor Retamales, pero en esta ocación en particular me acuerdo de Martin, un personaje que apesar del tiempo, aun me deja con un sabor a vino barato en la boca cuando digo su nombre. Martin Cortéz -tambien conocido como el Martinto-, perdio la virginidad borracho en un baño, se enamoró de una lesbiana y durmió bajo su propio vómito. Es uno de los peronajes que recuerdo con mayor claridad de la enseñanza media, precisamente ahi nos conocimos, en el Colegio de artes. Pareciera que aun escucho los gritos de Martin cuando voy sentado al lado de la ventana del bus. Una tarde que veniamos devuelta de una fiesta, Martin habia perdido la conciencia, la dignidad y 3 mil pesos, con hilo negro de saliva en los labios, el pobre borracho le venia gritando al chofer que arreglara la ventana porque zapateaba demaciado y no lo dejaba dormir, era todo un chiste, "Arregla tu huea de ventana chofer conchetumare!" mientras que sin un cuarto de vino en el estomago, nos platicaba de Descartes, Platón, Baudelaire y de las perspectivas de Brunelleschi, para luego en la noche volver gritar "¡Chupame el pico!", tomaba y despues vomitaba, volvia a servirse un sorbo y se caía y peleaba consigo mismo, pensando que alguien se apuraria para ayudarlo, pero a esas alturas ya nadie quiera ayudar al pobre que apestaba a cantina muerta. Sufria del clásico sindrome de Dr Jekyll y Mister Hyde cuando tomaba. Siempre me acuerdo de Martin Cortéz en el bus, que lo cortéz se le iba ligerito cuando le preguntabas que iba a hacer con esos 500 pesos un día viernes despues de clases. Pero Martin no siempre fue asi, a Martin, cuando lo conocí, era un chico tímido de pocas palabras. En los recreos, mientras nosotros les escupiamos a la los inspectores y a los niños del el segundo piso hacia abajo, Martin preferia quedarse en la sala dibujando, o en la biblioteca leyendo, y los fines de semana, mientras nosotros ibamos a una fiesta, Martin se encerraba en su cuarto y pintaba hasta el amanecer, era un excelente dibujante y pintor. Su mejor amigo, Ivan Paez era un muchacho que venia de Linares, un galán que uno cree que sólo ve en peliculas cabalgando junto a James Dean, Ivan era de esos que podia decirle cursilerias a una mujer sin provocarle risas, le llovian las mujeres y era increhible verlo cada 2 semanas como cambiaba de polola asi de fácil como quien se cambia de camiceta "Si te comes una, te las comes todas" solia decirme, aunque no sé porque esa frase me sonaba de otro lado. En cambio al pobre Martin ni las palomas le cagaban, y si lo hacian, menos iba a llover agua para que lo limpiase, cosa que llevase la mierda como un simbolo de desgracia impregnado en él, que mas adelante seria el vómito. Entre nosotros deciamos que habia nacido un martes 13, no sabiamos porque tenia tanta mala suerte. Despues de mi ida no supe mucho de el, me contaron que su tio habia fallecido y otro lo habia visto repartiendo volantes por Americo Vespucio.
Bien, llegue a la Bibliotek. Me encanta este barrio, la escuela que esta enfrente es un edificio de estilo renacentista holandes, a fines del 1500. En la esquina de la entrada a la biblioteca hay un pequieño café donde los estudiantes van a servirce algo a la hora de colación. Entre la biblioteca y la escuela hay un arco ojivál que une los 2 edificios, siguiendo ese pequieño túnel, mas adelante, se abre una plaza donde se baja por una escalinata que da al otro lado de la cuadra. Todavia no se me ocurre un nombre para este libro, mejor entro busco algo que me pueda ayudar.

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